JUAN HERNÁNDEZ. mesas y lámparas, cafeteras y calamares.
- Richard Correa

- 15 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 17 dic 2025
El próximo viernes 19 de diciembre a las 19:00 h. inauguramos la exposición "mesas y lámparas, cafeteras y calamares" del artista Juan Hernández (Las Palmas de Gran Canaria, 1956-1988)

Todo es objeto: todo es umbral.
Juan Hernández fue una de las presencias más intensas y fugaces del arte canario de finales del siglo XX. Su trayectoria, interrumpida a los 31 años, condensa la energía de una búsqueda incesante: el intento de fundir vida y obra en un solo acto.
Autodidacta y apasionado, su producción transita del informalismo y la abstracción gestual hacia una expresión cada vez más abierta a la luz y al color. En sus primeros años, los contrastes extremos le ofrecieron un territorio primordial, un espacio de tensiones y silencios desde el que articular una poética propia. Tras su estancia en París, su pintura se expande y adquiere una sensualidad lumínica en la que la materia se convierte en emoción.
A lo largo de su obra, su imaginario se articula desde elementos que funcionan no como paisaje o símbolo, sino como resonancia interior. Los elementos de la vida cotidiana emergen como signos silenciosos de una intimidad que se revela y se oculta a un tiempo. Sobre las mesas, donde cafeteras y naranjas permanecen suspendidas en un gesto que parece detener el tiempo se despliega la realidad doméstica como un territorio de resonancias.
La lámpara del estudio no ilumina solo la escena, sino el acto mismo de mirar; una presencia que acompaña, vigila y abre un círculo de concentración en torno al artista. Las naranjas, cuerpos solares sobre la madera, irradian la vibración del color y recuerdan que la pintura también es fruto.
Cada uno de estos elementos actúa como detonante simbólico: presencias y gestos mínimos que desvelan un diálogo constante entre el artista y su espacio vital. En ellos se escucha la luz que guía, el rito que sostiene, la materia que respira. Son fragmentos de vida que, al ser pintados, se transforman en presencia.
Su pintura, siempre emocional, se mueve entre lo visible y lo recordado, entre la inmediatez del gesto y la profundidad del pensamiento. En ella late la urgencia de una generación que entendió la creación como experiencia vital. Juan Hernández dejó un legado breve pero luminoso, una obra que aún hoy nos invita a mirar el mundo con la intensidad de quien sabe que todo es.





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